La Increible Y Misteriosa Ronda Del Dinero

La simpática y emprendedora Dulcinea llegó aquella tarde al pueblo de Fusagasugó para arreglar una serie de asuntos bien complicados, por lo cual no sabía cuánto tiempo debería quedarse por allá... Había salido a las apuradas y no traía mucho dinero en efectivo; los hoteles turísticos eran caros y estaban llenos por las fiestas patronales. Le quedaba como posibilidad la Posada del Virrey, que parecía limpia y buena, digamos aceptable para la situación. La propietaria, Doña Zoyla, la recibió con amabilidad y le enseñó la pequeña y única pieza disponible y que costaba 50 mil bolívares, casi toda la plata que tenía. Dulcinea, algo preocupada con el viaje de regreso, tuvo la idea de proponerle dejar los 50 mil como reserva, para el caso de quedarse allí durante la noche, o de que se los devuelva si ella terminaba sus gestiones y podía regresar a casa. Aceptaba, en confianza, que si Doña Zoyla dejaba de alquilar la pieza por respetar su reserva, ella perdería la plata. Acordaron y allí se quedó el flamante billete de 50 mil bolívares...

Cuando estuvo sola, Doña Zoyla recordó que ya hacía unos tres meses le debía al joven albañil Raimundo el arreglo del techo de la Posada, arruinado por la ultima lluvia. Qué tentación! Pagarle a Raimundo que andaba tan necesitado... Finalmente, decidió arriesgar, puesto que una de las posibilidades era que Dulcinea se quedara a dormir... Entusiasmada, se llevó el billete brillante a Raimundo que, agradecido, a penas lo tocó, recordó su deuda ya antigua con Johan, el farmacéutico amigo que lo había sacado de apuro durante la enfermedad de su mamá! Orgulloso, creyó que era el momento de cumplir con el compromiso, tan bueno el compadre Johan...

Cuando Raimundo se retiró, Johan a penas tuvo el billete en sus manos recordó al instante que Doña Teresa le había cocido el vestido del cumpleaños de 15 a su hija Cielo y no dudó un instante en ir a saldar su deuda! Doña Teresa no lo podía creer! Justo el importe que le faltaba para pagarle a Don Ramón la cuenta que tenia de los materiales que había comprado para el arreglo de la pieza de los chicos! Ese dinero caído del cielo la salvaba de la vergüenza que sentía cada día cuando pasaba por allí y se acordaba de la deuda... Don Ramón, a su vez, no podía creer en esa inesperada salvación! Llegaba el momento de saldar con Doña Zoyla, la deuda que tenia con ella por haber alojado todo un fin de semana a su hija, yerno y nietita cuando no lo pudo hacer en su casa por tener alojados a parientes de su segunda esposa... No dudó un instante y, como una mano lava la otra, se precipito a la Posada del Virrey a saldar su deuda!

Doña Zoyla suspiró aliviada cuando Don Ramón le entregó el total de los 50 mil bolívares en un billete tan nuevecito como aquel que ella había "tomado prestado" a su segura huésped... En esas cavilaciones andaba, cuando Dulcinea apareció en la puerta de entrada y expectante le dijo: "Señora, he terminado mis pendencias y me puedo volver a casa! ¿Tuvo Usted alguna búsqueda por la pieza que le reservé?" Y Doña Zoyla, muy segura de ella, le dijo: "No, m'hijita! Vaya tranquila... aquí tiene su billetico, como me lo entregó!" Había empezado a comprender algo de la increíble y misteriosa ronda del dinero y los efectos de su escasez en la vida de la comunidad...